No hay que cambiar nada para que todo cambie
Albert Cervera i Areny
Hola,
aproximadamente cada 10 años se ha producido una bajada de precios de los procesadores que ha creado una nueva industria.
Gordon Bell hacía esta observación en 2007 y venía acompañada de una bajada de precios de un orden de magnitud en cada ciclo.
En los años 50 aparecieron los mainframes por 1 millón de dólares; en los 70, el minicomputer por cien mil; después, la workstation por 20.000, el PC por 2.000, los móviles, etc.
Durante muchos años los procesadores han reducido notablemente los costes de computación, pero lo interesante de la observación es que cuando este cambio es aproximadamente diez veces más económico (o, en cualquier caso, "suficientemente grande") se crea un mercado nuevo. Y a veces también se destruye el mercado anterior tal como lo conocíamos.
Los procesadores son un ejemplo en el que la velocidad de progreso ha sido muy rápida, pero ni mucho menos es el único.
Transporte, energía e IA
Por ejemplo, el coste de transportar una tonelada por mar en 1956 era de unos 5,6 dólares. En 2019 era de 0,16 (36 veces más económico). Probablemente cuando el coste se redujo un 30 % aumentó el movimiento de mercancías, pero cuando pasó a ser unas 10 veces más económico propició la deslocalización.
Otro gran ejemplo son las placas solares. En 1976 la energía fotovoltaica costaba unos 106 dólares/W, mientras que hoy cuesta 0,11 (unas 1000 veces menos). Esto ha permitido pasar de una aplicación anecdótica (en satélites) al uso en lugares remotos donde era difícil hacer llegar cableado, hasta la aplicación doméstica actual (¡aunque todo el mundo esté conectado a la red eléctrica!).
La inteligencia artificial, acompañada de la aplicación adecuada de la tecnología, permite una reducción de los costes de desarrollo de software de este orden de magnitud. La diferencia con las tecnologías anteriores es que en aquellos casos el cambio tardó al menos una década por cada orden de magnitud. Aquí la transición se ha producido en menos de un año, quizá dos, según cómo se calcule.
A pesar de la velocidad a la que está ocurriendo, ya teníamos indicios de que sucedería y en NaN-tic habíamos tomado decisiones para cuando llegara el momento. Expliqué algunas de ellas en la charla que hicimos en nuestra oficina hace unos meses.
Pero que fuéramos capaces de tomar algunas decisiones antes de que esto ocurriera no significa que sea evidente entender la profundidad del cambio ni cómo hay que replantear el mercado, sus necesidades y cómo responder a ellas. Hay que cuestionarlo absolutamente todo y es apasionante.
Precisamente esta semana he interiorizado que un principio que hemos aplicado durante años en la implantación de software de gestión ya no es válido hoy.
Los costes de la fricción
Como probablemente ya sabes, implantar un nuevo software de gestión en una empresa requiere un gran esfuerzo, tanto por parte de la empresa como del implantador. Ninguno puede conseguirlo sin el otro y por eso decimos que la relación debe ser de partnership y, por tanto, de confianza mutua.
Imagina lo compleja que es la implantación de un software de gestión, que la mera actualización a una nueva versión del mismo software (especialmente cuando ha habido adaptaciones a medida) también ha sido tradicionalmente un calvario.
Evitar este calvario ha sido quizá la misión más importante de NaN-tic durante los últimos 10 años y, aunque se podría decir que lo hemos superado con nota, seguimos trabajando para conseguir matrícula de honor.
Un cambio de software casi siempre implica un cambio en la manera de trabajar. La empresa debe invertir en el nuevo software y, como este funciona de otra manera (a menudo mejor porque acumula cierta experiencia de años frente al software anterior), el cambio implica también nuevas formas de trabajo para la empresa.
Esto tiene todo el sentido económico del mundo y no es más que una aplicación del sentido común, pero añade complejidad al cambio. Normalmente se traduce en retrasos en el proceso de implantación porque todos los implicados deben asegurarse de que las nuevas formas pueden aplicarse realmente en la empresa. Y como no a todo el mundo le gustan los cambios, el factor humano de resistencia al cambio añade fricción al proceso.
Pero si lo miramos fríamente, en realidad obligamos a la empresa a adaptarse a ciertos procesos del ERP porque hacerlo al revés de entrada es demasiado caro. No hay mucho problema en adaptar el software si es necesario trabajar de una manera diferente, pero solo puntualmente recomendamos modificar el software si dicho cambio solo se va a utilizar durante unos meses. Si sabemos que la empresa acabará adaptándose (porque ve que es una forma mejor de trabajar), ¿por qué deberíamos hacer una modificación costosa en el software?
Y así, de forma más o menos consciente, transformamos este ahorro en más fricción y más complejidad para los usuarios.
Pero aquí llegamos de nuevo a la observación de Gordon Bell.
Cerramos el bucle
Una de las cosas que permite reducir un orden de magnitud el coste de desarrollo es disminuir la fricción para los usuarios: permite modificar el nuevo software para que funcione de forma mucho más parecida a como trabajan actualmente los usuarios (aunque no sea una forma de trabajar muy buena).
Cambiar menos la manera de trabajar en el momento del cambio para poder cambiar más y más rápido una vez esté en marcha.
Hay un antes y un después en la implantación de la solución, en el sentido de que es muchísimo más sencillo incorporar cambios una vez el sistema ya está en funcionamiento.
Además, alargar una implantación durante meses también alarga el retorno de la inversión e inhabilita la evolución constante de los procesos de la empresa. La puesta en marcha es como un gran dique de contención de los cambios que la empresa necesita.
Así pues, lo que tiene sentido ahora que los costes lo permiten es implantar un software menos diferente del anterior, pero hacerlo mucho más rápidamente.
Quién sabe, quizá quince años más tarde tengamos que cambiar el lema de nuestra marca por "Porque quieres cambiar, y no cambias".
¡Salud!